Año y medio después de la pandemia, la mascarilla sigue siendo un accesorio más en nuestra vida. Pese a que ya no existe obligatoriedad de utilizarla en el exterior cuando se garantice la distancia social, aún SON IMPRESCINDIBLES en nuestra labor sociosanitaria y en todos los ámbitos debemos llevarlas con nosotros para el interior, para el trabajo, para el bar, para el transporte público… Quirúrgicas, FP2 o de tela… grandes, pequeñas, estampadas, de un solo uso, lavables o de diversos colores. No puede faltar en nuestro bolso, maleta o cartera.

Sea como fuere las mascarillas han influido y mucho en nuestra salud general, incluida la psicológica; y nos han traído cosas buenas, pero otras no tanto. Los expertos alertan de que el uso de la mascarilla como prevención al Covid está provocando el empeoramiento de afecciones cutáneas entre la población

Las mascarillas han servido para mejorar algunas patologías respiratorias muy frecuentes entre la población como la alergia. Pero también han empeorado o propiciado otras como la dermatitis atópica, la dermatitis de contacto o el acné.

De hecho el uso de la mascarilla como medida de protección ante la Covid-19 está provocando el empeoramiento entre la población de problemas de la piel, como la rosácea, una patología que según los datos de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), padece una de cada diez personas. Una enfermedad inflamatoria crónica que, como explican los expertos médicos se caracteriza por episodios transitorios de rubor, enrojecimiento, capilares dilatados muy visibles, pápulas y granitos, que recuerdan a los del acné adolescente. En ocasiones, pueden durar semanas o meses.

La rosácea es una patología más frecuente en mujeres, principalmente entre los 30 y 50 años de edad. Afecta sobre todo a la piel del área central del rostro -nariz, mejillas, mentón, frente y entrecejo-, que son las zonas donde se produce más sebo. En sus formas más severas, puede cubrir toda la cara, incluidos los párpados, y propagarse al cuello. En el caso de los hombres, con más frecuencia, produce engrosamiento de la piel de la nariz, lo que se conoce como nariz bulbosa o rinofima.

Además hay  factores ambientales que favorecen la aparición de rosácea, como el estrés, la exposición al sol, o determinados medicamentos y alimentos (picantes, por ejemplo). El alcohol no produce rosácea, pero sí puede agravarla.

¿Cómo nos afecta el uso de la mascarilla?

Tal y como explican los expertos bajo la mascarilla “se crea un microambiente que favorece el calor local y la proliferación de bacterias; además, si queda demasiado ajustada, puede crear una presión excesiva sobre la piel del rostro o, si queda demasiado holgada, rozarla y agredirla”.

Si se identifican problemas cutáneos con un tipo concreto de mascarilla, se recomienda usar otra que ofrezca la misma protección, pero fabricada con materiales diferentes. También puede resultar beneficioso ir cambiando de modelo o marca, de manera que el tapabocas se apoye o roce cada vez en distintas zonas del rostro, lo que prevendría la aparición de lesiones.

Consejos para controlar la rosácea durante la pandemia

Extremar el cuidado de la piel. Si, normalmente, la higiene y cuidado diario de la piel es crucial, el uso de la mascarilla obliga a ser más rigurosos que nunca con los rituales. Emplea en tu piel limpiadores sin jabón, que irritan y resecan menos, además de que ayudan a aliviar síntomas como la irritación, el picor y el eritema. Tras la limpieza, es recomendable el uso de una loción con propiedades emolientes, hidratantes o calmantes, aplicada con un masaje suave.

Protegerse de las radiaciones solares. Aplicar diariamente productos cosméticos con filtros solares con un factor mínimo de 30, con el fin de mitigar el efecto de las radiaciones UVA, UVB e IR-A sobre tu piel. Consulta en tu farmacia cuál es el protector solar más adecuado para tu trastorno. Por supuesto, limita el tiempo de exposición al sol y evita este en las horas centrales del día.

Utilizar una mascarilla que se adapte a tu rostro. Minimizarás las agresiones sobre la piel y reducirás el riesgo de exacerbación o empeoramiento de los síntomas. También es conveniente alternar distintos modelos, de manera que no sea siempre la misma área del cutis la que recibe los roces y presiones.

Añadir cuidados faciales extra. En la piel con rojeces sin lesiones inflamatorias (granos), podemos utilizar tratamientos de belleza, como sérums, contorno de ojos…, que miman y cuidan la piel más en profundidad. En todo caso, usa siempre productos específicamente formulados para la rosácea.

El maquillaje como opción. Los cosméticos pueden ayudarte a camuflar los signos de la rosácea y mejorar el aspecto de tu piel, si esto te ayuda a sentirte mejor. Existen bases de larga duración no comedogénicas que cubren los defectos e irregularidades de la piel, y también maquillajes específicos que contienen pigmentos verdes que ayudan a disimular las rojeces.

Evitar los cambios bruscos de temperatura. Y, si es posible, los vientos fuertes y los climas o ambientes fríos, ya que son factores desencadenantes de afecciones cutáneas.

Huir de los ambientes cargados de humo. Además, si fumas, reduce o elimina el consumo de tabaco. Recuerda que la nicotina puede provocar que aparezcan más capilares en tu piel.

Moderar el consumo de bebidas alcohólicas. Incluso las pequeñas cantidades de alcohol producen vasodilatación y pueden provocar una intensa ruborización, agravando un problema existente.

No abusar de las comidas picantes. Evita los alimentos muy picantes o los platos demasiado condimentados, especialmente, cuando están calientes, pues también pueden provocar la vasodilatación de los capilares sanguíneos. Lleva una dieta mixta, equilibrada y moderada.

Aprender a relajarse. Mejora tus técnicas respiratorias y practica regularmente actividades como relajación muscular, meditación, mindfulness o yoga. Esto te ayudará a manejar mejor el estrés y a reducir la ansiedad u otras emociones negativas, más frecuentes en una época como la actual. Recuerda que los factores emocionales también tienen su reflejo en nuestra piel.

Desde el Grupo Español de Investigación en Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea (GEIDAC), los reducen aún más:

  • Evitar el uso de maquillajes
  • Utilizar cremas hidratantes adecuadas para cada tipo de piel y edad
  • Lavar la cara con agua templada y jabones suaves sin fragancias
  • Cambiar de mascarilla si se identifican problemas con un tipo concreto, evitando siempre las más irritantes.

Durante el día aconsejan utilizar fotoprotectores que actúen como barrera entre la piel y la mascarilla. Estos productos, aseguran que siguen siendo imprescindibles, ya que siguen ejerciendo  su función frente a los rayos del sol que siguen llegando a la cara. En cuanto a la colocación de la mascarilla, indican que no deben usarse aquellas que queden muy ajustadas sobre la cara y, si es necesario, aflojar las gomas. Para minimizar las irritaciones que pueda provocar, proponen aplicar un poco de vaselina neutra en las zonas de apoyo: orejas, nariz… Y por la noche consideran esencial aplicar una buena hidratación con productos emolientes y pomadas cicatrizantes en las zonas irritadas, de manera que ayuden a reparar la piel dañada.

Las ventajas: Eficaces contra las alergias y otros virus

Pero no todo son desventajas: Entre las principales ventajas que han traído las mascarillas destaca que su uso ha disminuido el consumo de medicamentos de rescate y visitas a urgencias de las personas con alergia. Esto es así ya que las mascarillas de protección o FFP (Filtering Face Piece) –que son las recomendadas para las personas alérgicas–, reducen la inhalación de hasta un 80% las partículas de polen, ácaros del polvo, esporas de hongos y epitelios de mascotas.

Esta ya probado que las mascarillas protegen del aire frío en otoño e invierno y evitan enfermar por resfriados y catarros; evitan contagios de gripe; de las alergias; de enfermedades como la tuberculosis; y ayudan a respirar menos contaminación.

Estos fueron los resultados de un estudio realizado por el Comité de Expertos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que concluyó que el uso de mascarillas homologadas reducen hasta un 80% las partículas de pólenes y polvo en el aire inhalado. En ese sentido, constituyen una herramienta eficaz para reducir los síntomas de la alergia.

De hecho, especialistas de la organización señalan que las personas con alergia al polen, incluso, pueden necesitar usar mascarillas durante casi todo el año. En invierno para protegerse de las cupresáceas (arizónica y ciprés), en primavera por el plátano de sombra, el abedul, gramíneas, olivo y parietaria, y en verano por la salsola y la parietaria.

El uso de la mascarilla también se ha asociado, especialmente en las mujeres, a una reducción del uso de maquillaje y otros productos. Esto ha favorecido algunas patologías dermatológicas como acné o rosácea ya que se deja de tapar los poros de la cara con productos que pueden contener excipientes algo grasientos.

Sobre la contaminación, Germán Peces Barba, vicepresidente neumólogo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) manifestó en una publicación médica oficial que la mascarilla «filtra las partículas y va a suponer que se inhalen muchas menos del ambiente contaminado». «Lo único es que deberíamos llevar muchos años la mascarilla porque la contaminación no es como un virus, es algo lento, progresivo y acumulativo«, añade. I continúa: «Es posible que la imagen que solo veíamos antes de la pandemia en países orientales pase a ser algo más cotidiano aquí y que perdure, sobre todo en ciudades, y que se use para protegerse de otros virus, cuando el coronavirus ya no exista con el alcance actual, y sobre todo de la contaminación«, manifiesta el neumólogo, quien apunto la menor incidencia de la gripe el año pasado gracias a esta protección.

 Un buen aliado contra la gripe, catarros y resfriados.

Y ya de cara al otoño e invierno que vienen, con la experiencia del año pasado, es un hecho estadístico, por el año pasado, que el uso generalizado de mascarillas entre la población provocó un descenso acusado en las afecciones respiratorias más comunes que se constata ya en diferentes sectores sanitarios. Hay menos resfriados y para atestiguarlo nada mejor que la prueba del algodón, las propias farmacias. “No estamos vendiendo antigripales, ni antitusivos, ni fármacos para curar el resfriado común. Es así. La gente no se resfría porque haga frío sino por virus y bacterias que entran a nuestro organismo principalmente por vía nasal.

Ahora, al tener una mascarilla que nos protege, esos contagios están disminuyendo. Nosotros en la farmacia lo notamos”, manifiesta la farmacéutica Sandra Pérez, en un medio de comunicación nacional.

Yo la mascarilla no me la quito más en la vida, a esta hora ya habría pasado por dos catarros”, confesaba una persona mayor a una enfermera en su centro de salud. Y no ha sido la única usuaria en beneficiarse de las medidas de protección a las que nos vamos acostumbrando, a la fuerza. El uso de la mascarilla, lavarse las manos y mantener las distancias, junto con las vacunas, evidentemente, además de frenar poco a poco las cifras de la pandemia, también está reduciendo de manera brutal la incidencia de la gripe y de los catarros, y la de bronquiolitis en los niños, según destacan desde los profesionales sanitaros.

Alemania lo ha llegado a constatar ya en cifras: Según el Instituto Robert Koch (RKI), en la temporada 2020/21 no se registró una ola gripal, ni en Alemania ni en otros países europeos. También la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirma esa tendencia. Otras enfermedades contagiosas fueron igualmente menos frecuentes. Por ejemplo, el RKI reportó que las enfermedades infecciosas registraron una disminución del 35 por ciento entre marzo y agosto de 2020. La reducción más pronunciada se produjo en los males ocasionados por patógenos que se propagan por las vías respiratorias. En el caso del sarampión el retroceso fue del 85 por ciento, y en el de la tos convulsiva, de un 63 por ciento. En parte se redujeron también los contagios de virus que afectan el sistema gastrointestinal. Las enfermedades producidas por rotavirus disminuyeron en un 83 por ciento.

Pero las razones de estas cifras son complejas y específicas para cada agente patógeno. Aunque también podría pensarse que menos gente acudió al médico en ese período y, por lo tanto, fueron diagnosticados menos casos.