Psicóloga Ana Menéndez en la Residencia Spa de Felechosa

A todos nosotros en algún momento de la vida nos ha apetecido algo o lo hemos anhelado; hemos querido aprender esto o aquello. Hemos soñado con conocer un lugar, a una persona, un paisaje.

Para algunos lo importante es que la familia esté bien, para otros que su profesión se desarrolle adecuadamente. Unos terceros anhelan más tiempo libre. Una pareja que les quiera. Hijos cuando llegue el momento apropiado. Que sé yo, tantas cosas… Hay personas que quieren aprender: jardinería, música, un idioma. Hay quienes anhelan hacer un viaje: Una vuelta al mundo, ir a un país determinado o al pueblo de al lado. Y, sin embargo, ¿Cuántos de entre nosotros dan los pasos en la dirección de conseguir esos sueños?. ¡Nos cuesta tanto iniciar el camino! Siempre hay algo que hacer antes, algo que nos lo impide, pensamos “sí sí, muy bonito todo pero no es para mí, no ahora, yo no puedo, no es tan fácil” y así se nos va yendo la vida y llegamos a los “ahora ya es demasiado tarde” ,“soy demasiado mayor”,  “se me pasó el arroz” etcétera etcétera

Tengo una amiga que anheló conocer Nepal durante muchos años. Nepal es un país asiático cercano a los Himalayas, montañas míticas donde las haya.  Y durante un montón de años no fue posible para ella y pensaba que nunca lo conseguiría. Hasta que este año su sueño se cumplió.  Y puede que tu pienses: “¡Qué suerte ha tenido!”.

¿Suerte? No, no ha sido suerte. Ha sido un objetivo claro. Para llegar a él atravesó muchas etapas: épocas en las que creyó firmemente que no lo conseguiría, que no era para ella, que en sus circunstancias no era posible, que quizá estaba pidiéndole demasiado a la vida, que …   . Pero la idea se mantuvo firme en su mente; poco a poco buscó apoyos que le ayudasen a vencer sus miedos, ahorró dinero para poder pagarlo, se informó, veía en internet vídeos sobre Nepal, sus costumbres, su gente, convirtió ese país en parte de su vida hasta que, finalmente, su sueño se convirtió en su realidad.  Aunque tardó años en llegar a Nepal, en conseguirlo, desde el principio ella ya estaba viajando hacia allí, aunque aún no se hubiese movido de su casa.

«No esperes, la vida no esperará por ti:

No importa la meta, importa el camino que te lleva hacia ella»

Quizá estés pensado que sí, que muy bien pero que esas cosas solo le pasan a otros, no a ti; que tienes mala suerte o que tus circunstancias no te lo permiten; que nunca lo conseguirás o puede que estés pensando cualquier otra cosa que te frena.

Ehhhh, ¡escucha!. Sí, te hablo a tí, que me estás leyendo en este momento. Párate y piensa cuales eran o son tus sueños. Grandes o pequeños, eso no importa. Párate y piensa que te impide ir a por ellos. Elige al menos uno de ellos o, aún mejor, párate y piensa ¿Cuál es el primer paso, grande o pequeño, que estoy dispuesto/a a dar hoy? Y entonces dalo.

He escuchado demasiadas veces a personas aquello de: “Cuando me jubile voy a ir más al monte, o voy a viajar”. “Cuando tenga tiempo aprenderé un idioma o a tocar un instrumento”. “Si en algún momento es posible quiero tener una huerta o un jardín”. “Me gustaría poder aprender a cocinar mejor, o a coser pero por ahora no puedo”. “Quiero conocer a tal o cual persona pero para mí es inalcanzable”. La lista es interminable…

Y, lamentablemente, también he oído demasiadas veces. Fíjate, ahora que ya se había jubilado y podía disfrutar de la vida…enfermó, o se murió o. ¡Qué mala suerte! Justo ahora que ya podía…Y yo me pregunto ¿Mala suerte? Quizá.

La diferencia está en una simple pregunta ¿Quieres empezar a conseguirlo? ¡Hazlo hoy! No esperes, la vida no esperará por ti. No importa cuántos sueños alcances, no importa la meta, importa el camino que te lleva hacia ella. Camina pues.

Y recuerda: La única batalla que se pierde es esa que nunca se inició.

ANA MENÉNDEZ es psicóloga sanitaria, especialista en emergencias, crisis y cuidados al final de la vida. Profesional en la Residencia de Mayores de Felechosa-Grupo Montepío

«Objetivo uno: ayudar a la gente a ser más feliz»